sábado, 17 de octubre de 2015

LOS ELEMENTOS DE LA IDENTIDAD DE LA ESCUELA.

Es importante resaltar que los Centros de Padres y Apoderados, además de ser organizaciones reconocidas por la Ley  tienen misiones culturales muy específicas, como lo es el hecho de tener que participar en el diseño y desarrollo del PEI de cada establecimiento  educacional, donde, entre otras cosas, se fijan las orientaciones para crear la identidad institucional del establecimiento mismo.
      
Los elementos que consideramos que están en  la base de las orientaciones del desarrollo de la identidad, no sólo del “deber ser” de la escuela, sino como la base sobre la cual se sustenta el devenir histórico de la identidad misma de la escuela, son muy importantes de ser trabajados conjuntamente entre el Centro de Padres y Apoderados y los miembros docentes de la comunidad escolar. Sin ellos no hay pasado, presente ni futuro de la  Escuela, en cuanto Institución con una identidad que la caracteriza como tal. Ellos serían: 

1.-        Los modelos de vida.
           
Fueron originalmente elementos paradigmáticos utilizados por las escuelas particulares, pagadas y gratuitas, de orientación religiosa, especialmente católica.
           
La permanente relación que se hace del proyecto educativo con la persona de un santo o una persona destacada en la historia, utilizada como modelo de conducta y valores a seguir, se constituye en un paradigma al cual imitar a través de todas las ideas y acciones que se llevan a cabo en la escuela, configurando con ello, parte importante de la identidad propia. 

2.-        Tradiciones específicas existentes en la escuela y la comunidad.

Toda escuela y toda comunidad, por ser tal, tienen tradiciones que se han ido formando con el transcurso de los años o por la convivencia que se da entre sus miembros.
           
Los seres humanos tendemos a crear tradiciones, aun en los grupos más pequeños y nuevos. Desde el momento mismo que nos relacionamos como personas o como actores educativos, destacamos ciertas formas de ser que se convierten de inmediato en parte de las características del grupo y por lo mismo, parte de la tradición (del pasado), que puede actuar como elemento de cambio o conservación de las identidades que se van construyendo en la propia escuela.
           
Cuando las escuelas tienen algunos años de existencia, esas tradiciones existen, aunque sea de manera informal y será tarea de los actores educativos que se preocupen de la búsqueda y explicitación de las mismas. Las tradiciones, los hechos del pasado que tienen presencia en el presente y que puedan ser proyectados al futuro, están a disposición y son parte importante de la identidad que intentamos descubrir o construir.

3.-        Pautas culturales y valores globales vivenciados.
           
Al igual que las tradiciones, las pautas culturales existen y ellas, como realidad, están muchas veces más allá de los propios individuos que las sustentan. Tienen, por esto,  un carácter supraindividual y la mayoría de las veces, su existencia sobrevive a los individuos. Por éso es tan importante que en la construcción o descubrimiento de la identidad, consideremos seriamente la existencia y naturaleza de estas pautas (normas, costumbres y usos) y de los valores que las sustentan.
           
Todos los individuos las y los vivencian. Lo importante es saber cómo han vivenciado estas pautas y cómo han sido o son percibidos los valores que las acompañan de manera siempre indisolubles. El aclarar cuáles son estas pautas culturales y valores y saber cómo se perciben por parte de los actores educativos, es una forma de penetrar el tema de la identidad de la escuela, ya que estos elementos paradigmáticos son los que, en parte importante,  la conforman.

4.-        Historia y cultura del sistema educacional nacional

Otro elemento paradigmático que tiene importancia en la conformación de la identidad de la escuela, es la propia historia y tradiciones del sistema educacional, considerado en su conjunto. Este influye en cada una y todas las escuelas que lo conforman, no importando su tipo de administración o sus modos de desarrollo. El sistema educacional tiene, en su conjunto, características que lo singularizan, y eso hace posible que cada unidad del mismo comparta con el todo, alguna o muchas de sus singularidades.
           
De ahí que cada escuela tenga algo en sí misma de lo propio del sistema educacional y por otra parte, elementos que la distinguen de otras, aunque pertenezcan a una matriz común (el sistema educacional en su conjunto). Lo importante, en este caso, es conocer la historia de la educación, para ver cómo ella ha configurado las formas en que la escuela se presenta hoy, con sus características de identidad.


Identidad de la escuela: rol de los actores educativos


La búsqueda o diseño de la identidad de la escuela, es una tarea en la cual deben participar los actores involucrados en la ación pedagógica de manera ditrecta o indirecta. Por éso, a los profesores y alumnos los deben acompañar necesariamente en esta tarea, las familias de los mismos, con el fin de que trasmitan sus necesidades y expectativas educativas, para patentizarlas en el curriculum de la escuela.
           
Es importante recalcar, en esta ocasión, que los decretos curriculares del Ministerio o Secretaria  de Educación, para todos los niveles, permiten un amplio margen de flexibilidad curricular, independiente  de los sectores y subsectores de aprendizaje señalados en éstos. Esta flexibilidad, sin duda, puede ser utilizada para trabajar este tipo de temas, como la propia identidad del establecimiento educacional, la cual se debe conformar por los aportes de los diversos actores que participan en los procesos educativos que se dan en la escuela.
           
En este sentido, la comunidad debe estar representada por sus propios proyectos locales de desarrollo. Existe la experiencia de que los Estados o las comunas, mediante la acción de diversas instancias administrativas, han realizado experiencias participativas en el diseño de sus Planes Anuales de Desarrollo Educativo o en la confección de los proyectos de desarrollo educativo institucional (PDEI) de cada establecimiento educacional. Estas experiencias, vividas, sin duda, de muy distinta manera, constituyen un cúmulo de experiencias que deberían ser consideradas en el momento de descubrir o desarrollar sus propias identidades.

La necesidad de métodos apropiados de trabajo

La gestación de la identidad  no es un trabajo simple, pues apunta, ni más ni menos, a aquéllo que hace que la escuela sea lo que es y no otra cosa, con sus características  propias y relevantes. Y aquéllo que hace que la escuela sea lo que es y no otra cosa, está en las conciencias de quienes  participan en su vida cotidiana y en quienes la perciben desde afuera, por llamarlo de alguna manera.

De ahí que estemos ubicados, en este caso,  en el campo mismo de la intersubjetividad, es decir, en el mundo de las realidades que se crean por la convivencia natural entre los actores o por los  acuerdos más formales que se puedan producir entre ellos, por intereses o proyectos grupales o individuales. La identidad es el producto, expresado, de una configuración intersubjetiva, que se desarrolla por el contacto cotidiano entre los actores entre sí y entre éstos y el mundo que los circunda, lo cual les permite ir modificando sus percepciones del mundo de manera permanente, reservándose para sí, los elementos de estabilidad existentes en la realidad.

Estas realidades vividas y percibidas deben ser compartidas por los actores educativos. Nada mejor, por lo tanto, que el grupo de personas que integra la escuela se convierta en un equipo de trabajo que tenga como misión de su accionar, el descubrimiento o construcción de la identidad, que entre otros elementos, está conformada por las percepciones de los propios actores involucrados. De ahí que el tema de la identidad toque de manera tan fuerte a las personas, ya que ellas están directamente involucradas en la definición de la identidad institucional y con ello, de manera indirecta, de sí mismas.
           
Por eso, es necesario buscar métodos de trabajo que, siendo participativos, consideren las intersubjetividades y a la vez, logren objetivar al máximo los elementos que conforman la identidad. Para ello proponemos, en primera instancia, el “trabajo en equipo”, “el análisis estratégico FODA” y “el método de proyecto”, como algunos de los tantos que se pueden utilizar para buscar o construir la identidad, tanto en la dimensión de su diagnóstico como en sus proyecciones (los describimos en otro documento de estudio sobre el particular)

Hacia la construcción de una identidad personalista y democrática de la escuela: el tema de  la participación y la convivencia.
           
La escuela debe tener un horizonte. De acuerdo a la tradición,  las sociedad occidental y de manera especial, en estas últimas décadas, las sociedades latinoamericanas,  viven tendencias que llevan a la existencia de procesos de democratización y personalización de las sociedades.
           
De alguna manera es ya común, que todos concuerden en respetar las diversidades, el pluralismo, la consideración de las minorías, el respeto a los derechos humanos, el acrecentamiento de la paz, la no discriminación, una mayor y mejor distribución de los bienes económicos, sociales y culturales, acceso a servicios de salud, educación y vivienda de calidad, comunicaciones globales casi sin restricciones, consideración y respeto creciente por las etnias, preocupación por el medio ambiente, la igualdad de los sexos, la libertad religiosa y política, el liberalismo de las costumbres, la aprobación de leyes que tienen relación con la familia y su funcionamiento, libre mercado, se mantiene el poder regulador de las instancias públicas, surgen nuevas organizavciones sociales, se produce un avance tecnológico antes desconocido.  El mundo vive un momento de cambios tan profundos y extensos, que afectan la vida social y cultural de los pueblos, en lo que, lo más característico es la propia falta de seguridad. Los sujetos están sujetos a la incertidumbre, que se levanta como una categoría de análisis importante para comprender el mundo contemporáneo.
           
De ahí la necesidad de construir espacios de estabilidad para darle continuidad y sentido a las tareas que emprenden las personas. Esta estabilidad siempre estará en tensión con la incertidumbre ambiente, pero es fundamental crearla, para darle seguridad vital a los actores educativos en su tarea cotidiana.
           
Un medio para lograr esto, es abrir los procesos de participación en la gestión educativa y mediante los cuales, los actores educativos sientan que participan en la construcción de una obra común: la educación de sus hijos, la educación de sus alumnos.
           
La participación, así vista, es un proceso complejo, que implica, eso sí, la construcción de sentidos comunes a las tareas que se realizan. De acuerdo a Serafín Antunez[1] la participación cumple algunas finalidades, que sería bueno darlas a conocer en esta oportunidad:
           
1. Participación Educativa, que pretende preparar y capacitar a los miembros de la comunidad escolar y no solamente al alumnado, para la democracia, la autonomía y la libertad responsable.
           
2. Finalidad Gestora, entendida como la contribución a las tareas de organización, funcionamiento y gobierno del establecimiento educacional.
           
3.- De colaboración en la toma de decisiones curriculares, para ayudar a los profesores a que tomen decisiones compartidas respecto al diseño,  la planificación y desarrollo del curriculum.
           
4.- Finalidad de control social, en la medida que permite la participación de los estamentos no docentes, intervenir en procesos de supervisión de la actividad general del establecimiento educacional, en los aspectos administrativos y docentes.
           
5.- Interiorización del Proyecto de Desarrollo Educativo Institucional (PDEI) del establecimiento educacional, cuando mediante el ejercicio de la participación se contribuye a conocer y asumir los objetivos de la institución y a aumentar la motivación y el sentimiento de pertenencia de sus miembros.
                                                                     
                                                                  Profesor Gabriel de Pujadas H. 
                                                                  Consultor Educacional




[1] Antunez, Serafín y Gairín, Joaquín “La organización escolar. Prácticas y fundamentos”, Editorial Graó, Barcelona, España, Julio 1996.

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