Es importante resaltar que los Centros de Padres y Apoderados, además de ser organizaciones reconocidas por la Ley tienen misiones culturales muy específicas, como lo es el hecho de tener que participar en el diseño y desarrollo del PEI de cada establecimiento educacional, donde, entre otras cosas, se fijan las orientaciones para crear la identidad institucional del establecimiento mismo.
Los elementos que consideramos que están en la base de las orientaciones del desarrollo
de la identidad, no sólo del “deber ser” de la escuela, sino como la base sobre
la cual se sustenta el devenir histórico de la identidad misma de la escuela, son muy importantes de ser trabajados conjuntamente entre el Centro de Padres y Apoderados y los miembros docentes de la comunidad escolar.
Sin ellos no hay pasado, presente ni futuro de la Escuela, en cuanto Institución con una
identidad que la caracteriza como tal. Ellos serían:
1.- Los modelos
de vida.
Fueron originalmente elementos paradigmáticos utilizados
por las escuelas particulares, pagadas y gratuitas, de orientación religiosa,
especialmente católica.
La permanente relación que se hace del proyecto educativo
con la persona de un santo o una persona destacada en la historia, utilizada
como modelo de conducta y valores a seguir, se constituye en un paradigma al
cual imitar a través de todas las ideas y acciones que se llevan a cabo en la
escuela, configurando con ello, parte importante de la identidad propia.
2.- Tradiciones
específicas existentes en la escuela y la comunidad.
Toda escuela y toda comunidad, por ser tal, tienen
tradiciones que se han ido formando con el transcurso de los años o por la
convivencia que se da entre sus miembros.
Los seres humanos tendemos a crear tradiciones, aun en los
grupos más pequeños y nuevos. Desde el momento mismo que nos relacionamos como
personas o como actores educativos, destacamos ciertas formas de ser que se
convierten de inmediato en parte de las características del grupo y por lo mismo,
parte de la tradición (del pasado), que puede actuar como elemento de cambio o
conservación de las identidades que se van construyendo en la propia escuela.
Cuando las escuelas tienen algunos años de existencia, esas
tradiciones existen, aunque sea de manera informal y será tarea de los actores
educativos que se preocupen de la búsqueda y explicitación de las mismas. Las
tradiciones, los hechos del pasado que tienen presencia en el presente y que
puedan ser proyectados al futuro, están a disposición y son parte importante de
la identidad que intentamos descubrir o construir.
3.- Pautas culturales y valores globales
vivenciados.
Al igual que las tradiciones, las pautas culturales existen
y ellas, como realidad, están muchas veces más allá de los propios individuos
que las sustentan. Tienen, por esto, un
carácter supraindividual y la mayoría de las veces, su existencia sobrevive a
los individuos. Por éso es tan importante que en la construcción o descubrimiento
de la identidad, consideremos seriamente la existencia y naturaleza de estas
pautas (normas, costumbres y usos) y de los valores que las sustentan.
Todos los individuos las y los vivencian. Lo importante es
saber cómo han vivenciado estas pautas y cómo han sido o son percibidos los
valores que las acompañan de manera siempre indisolubles. El aclarar cuáles son
estas pautas culturales y valores y saber cómo se perciben por parte de los
actores educativos, es una forma de penetrar el tema de la identidad de la
escuela, ya que estos elementos paradigmáticos son los que, en parte
importante, la conforman.
4.-
Historia y cultura del sistema
educacional nacional
Otro elemento paradigmático que tiene importancia en la
conformación de la identidad de la escuela, es la propia historia y tradiciones
del sistema educacional, considerado en su conjunto. Este influye en cada una y
todas las escuelas que lo conforman, no importando su tipo de administración o
sus modos de desarrollo. El sistema educacional tiene, en su conjunto,
características que lo singularizan, y eso hace posible que cada unidad del
mismo comparta con el todo, alguna o muchas de sus singularidades.
De ahí que cada escuela tenga algo en sí misma de lo propio
del sistema educacional y por otra parte, elementos que la distinguen de otras,
aunque pertenezcan a una matriz común (el sistema educacional en su conjunto).
Lo importante, en este caso, es conocer la historia de la educación, para ver
cómo ella ha configurado las formas en que la escuela se presenta hoy, con sus
características de identidad.
Identidad de la
escuela: rol de los actores educativos
La búsqueda o diseño de la identidad de la escuela, es
una tarea en la cual deben participar los actores involucrados en la ación
pedagógica de manera ditrecta o indirecta. Por éso, a los profesores y alumnos
los deben acompañar necesariamente en esta tarea, las familias de los mismos,
con el fin de que trasmitan sus necesidades y expectativas educativas, para
patentizarlas en el curriculum de la escuela.
Es importante recalcar, en esta ocasión, que los decretos
curriculares del Ministerio o Secretaria
de Educación, para todos los niveles, permiten un amplio margen de
flexibilidad curricular, independiente
de los sectores y subsectores de aprendizaje señalados en éstos. Esta flexibilidad,
sin duda, puede ser utilizada para trabajar este tipo de temas, como la propia
identidad del establecimiento educacional, la cual se debe conformar por los
aportes de los diversos actores que participan en los procesos educativos que
se dan en la escuela.
En este sentido, la comunidad debe estar representada por
sus propios proyectos locales de desarrollo. Existe la experiencia de que los
Estados o las comunas, mediante la acción de diversas instancias
administrativas, han realizado experiencias participativas en el diseño de sus
Planes Anuales de Desarrollo Educativo o en la confección de los proyectos de
desarrollo educativo institucional (PDEI) de cada establecimiento educacional.
Estas experiencias, vividas, sin duda, de muy distinta manera, constituyen un
cúmulo de experiencias que deberían ser consideradas en el momento de descubrir
o desarrollar sus propias identidades.
La necesidad de métodos apropiados de trabajo
La gestación de la identidad no es un trabajo simple, pues apunta, ni más
ni menos, a aquéllo que hace que la escuela sea lo que es y no otra cosa, con
sus características propias y
relevantes. Y aquéllo que hace que la escuela sea lo que es y no otra cosa,
está en las conciencias de quienes
participan en su vida cotidiana y en quienes la perciben desde afuera,
por llamarlo de alguna manera.
De ahí que estemos ubicados, en este caso, en el campo mismo de la intersubjetividad, es
decir, en el mundo de las realidades que se crean por la convivencia natural
entre los actores o por los acuerdos más
formales que se puedan producir entre ellos, por intereses o proyectos grupales
o individuales. La identidad es el producto, expresado, de una configuración
intersubjetiva, que se desarrolla por el contacto cotidiano entre los actores
entre sí y entre éstos y el mundo que los circunda, lo cual les permite ir
modificando sus percepciones del mundo de manera permanente, reservándose para
sí, los elementos de estabilidad existentes en la realidad.
Estas realidades vividas y percibidas deben ser
compartidas por los actores educativos. Nada mejor, por lo tanto, que el grupo
de personas que integra la escuela se convierta en un equipo de trabajo que
tenga como misión de su accionar, el descubrimiento o construcción de la
identidad, que entre otros elementos, está conformada por las percepciones de
los propios actores involucrados. De ahí que el tema de la identidad toque de
manera tan fuerte a las personas, ya que ellas están directamente involucradas
en la definición de la identidad institucional y con ello, de manera indirecta,
de sí mismas.
Por eso, es necesario buscar métodos de trabajo que,
siendo participativos, consideren las intersubjetividades y a la vez, logren
objetivar al máximo los elementos que conforman la identidad. Para ello
proponemos, en primera instancia, el “trabajo en equipo”, “el análisis
estratégico FODA” y “el método de proyecto”, como algunos de los tantos que se
pueden utilizar para buscar o construir la identidad, tanto en la dimensión de
su diagnóstico como en sus proyecciones (los describimos en otro documento de
estudio sobre el particular)
Hacia
la construcción de una identidad personalista y democrática de la escuela: el
tema de la participación y la
convivencia.
La escuela debe tener
un horizonte. De acuerdo a la tradición,
las sociedad occidental y de manera especial, en estas últimas décadas,
las sociedades latinoamericanas, viven
tendencias que llevan a la existencia de procesos de democratización y
personalización de las sociedades.
De alguna manera es
ya común, que todos concuerden en respetar las diversidades, el pluralismo, la
consideración de las minorías, el respeto a los derechos humanos, el
acrecentamiento de la paz, la no discriminación, una mayor y mejor distribución
de los bienes económicos, sociales y culturales, acceso a servicios de salud,
educación y vivienda de calidad, comunicaciones globales casi sin
restricciones, consideración y respeto creciente por las etnias, preocupación
por el medio ambiente, la igualdad de los sexos, la libertad religiosa y
política, el liberalismo de las costumbres, la aprobación de leyes que tienen
relación con la familia y su funcionamiento, libre mercado, se mantiene el
poder regulador de las instancias públicas, surgen nuevas organizavciones
sociales, se produce un avance tecnológico antes desconocido. El mundo vive un momento de cambios tan
profundos y extensos, que afectan la vida social y cultural de los pueblos, en
lo que, lo más característico es la propia falta de seguridad. Los sujetos
están sujetos a la incertidumbre, que se levanta como una categoría de análisis
importante para comprender el mundo contemporáneo.
De ahí la necesidad
de construir espacios de estabilidad para darle continuidad y sentido a las
tareas que emprenden las personas. Esta estabilidad siempre estará en tensión
con la incertidumbre ambiente, pero es fundamental crearla, para darle
seguridad vital a los actores educativos en su tarea cotidiana.
Un medio para lograr
esto, es abrir los procesos de participación en la gestión educativa y mediante
los cuales, los actores educativos sientan que participan en la construcción de
una obra común: la educación de sus hijos, la educación de sus alumnos.
La participación, así
vista, es un proceso complejo, que implica, eso sí, la construcción de sentidos
comunes a las tareas que se realizan. De acuerdo a Serafín Antunez[1]
la participación cumple algunas finalidades, que sería bueno darlas a conocer
en esta oportunidad:
1. Participación
Educativa, que pretende preparar y capacitar a los miembros de la comunidad
escolar y no solamente al alumnado, para la democracia, la autonomía y la
libertad responsable.
2. Finalidad Gestora,
entendida como la contribución a las tareas de organización, funcionamiento y
gobierno del establecimiento educacional.
3.- De colaboración
en la toma de decisiones curriculares, para ayudar a los profesores a que tomen
decisiones compartidas respecto al diseño,
la planificación y desarrollo del curriculum.
4.- Finalidad de
control social, en la medida que permite la participación de los estamentos no
docentes, intervenir en procesos de supervisión de la actividad general del
establecimiento educacional, en los aspectos administrativos y docentes.
5.- Interiorización
del Proyecto de Desarrollo Educativo Institucional (PDEI) del establecimiento
educacional, cuando mediante el ejercicio de la participación se contribuye a
conocer y asumir los objetivos de la institución y a aumentar la motivación y
el sentimiento de pertenencia de sus miembros.
Profesor Gabriel de Pujadas H.
Consultor Educacional
[1] Antunez, Serafín y Gairín, Joaquín “La organización escolar. Prácticas y fundamentos”, Editorial Graó,
Barcelona, España, Julio 1996.
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